Relato de Nueva York (XVI)

Y así es como la historia termina. Los sueños se hacen realidad y se convierten para siempre en idilios de un tiempo que, contemplado desde la rutina, siempre fue mejor. Y el recuerdo, el de los logros alcanzados y las ilusiones cumplidas, pervive en nosotros durante toda una vida, empujándonos a lanzarnos de nuevo hacia otras vivencias. Así que recuerda: Nunca tengas miedo de volar HACIA EL CIELO.

Aquí os dejo el que para mí es el mejor recuerdo de esta aventura neoyorkina:

 

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La aventura neoyorkina iba llegando a su fin… El martes amaneció triste, con ese sabor agridulce de no tener ganas de dejar la ciudad, pero con ansias de aprovechar al máximo las últimas horas. A los últimos paseos por Manhattan se unieron los recados de obligado cumplimiento: revelar fotos, comprar souvenirs y, aunque suene raro, reencontrarse con la familia. Sí, la marcha de unos coincidía con la llegada de otros. Y qué mejor manera de terminar el viaje con una deliciosa cena griega en la 8th Ave, cerca de Chelsea. Nuevos sabores se unieron así a viejas caras conocidas, a experimentados consejos sobre la vida del turista en la ciudad, y nerviosismos e ilusiones de aquel que mucho quiere abarcar… Que su tiempo no quiere desperdiciar.

 

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Nunca me han gustado los lunes, siempre he dicho que soy más de jueves. Pues ese lunes tenía un sabor agridulce. Teníamos otro largo día por delante para seguir disfrutando del viaje, pero apenas nos quedaban tres días para volver a casa.

Dado que nuestra aventura iba llegando a su fin, y que en parte ya teníamos también un pedacito de nuestra mente en casa, decidimos dedicar la mañana a las compras, porque algún regalo había que llevar a los que no habían podido venir. Pues bien, desde Port Authority cogimos una guagua (la 111) rumbo a Nueva Yersey, al Outlet Yersey Gardens. El centro comercial tiene muchísimo que ofrecer, a muy buenos precios, pero si uno no se organiza bien se pueden perder demasiadas horas. Nos dividimos en pequeños grupitos y fuimos a tiro hecho. Unas camisas Guess para las amigas, unos Converse a poco más de 30 euros, pantalones Levi’s y algún capricho de Victoria Secret fue el balance general de nuestras compras.

Almorzamos allí, para no salirnos de lo habitual nos decantamos por el Sbarro, al menos nos dábamos el lujo de comer con tenedor, para escapar de tanto Mc Donald.

De vuelta en Manhattan, ya de noche, y tras dejar todas las bolsas en el apartamento, nos fuimos para Times Square para adentrarnos en una de las mejores películas del cine americano, Forrest Gum. El Bubba Gump tiene muy buena fama, y no es para menos. A su extraordinaria ubicación le gana la partida su lograda decoración, con imágenes, frases y objetos alusivos a la cinta que le valió un Oscar a Tom Hanks. La atención inmejorable y la comida exquisita. El combinado de gambas no lo probé, pero a los demás les gustó bastante, pero la hamburguesa… la mejor que he comido en mi vida.

Con la barriga llena y el corazón contento, de nuevo extasiados con las luces y la magia de Times, nos fuimos a descansar.

 

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El domingo amaneció soleado, y la verdad es que sentir el cálido aliento de la mañana entrando por la ventana es la mejor forma de cargar energías para despedir el último fin de semana en la City.

De nuevo nos separamos durante algunas horas. Ricky y yo fuimos a Central Park con el objetivo de alquilar unas bicis y poder recorrerlo con detalle. No nos costó encontrar una tienda de arrendamiento, ya en la misma calle un amable chico nos abordó. A tan sólo unos metros de una de las entradas al oeste del parque cogimos nuestras bicis. A pie las llevamos hasta el interior del parque y una vez allí comenzó la aventura.

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